María Johana Vásquez avanzó desde un nivel Avanzado de desempeño hasta la categoría Experto I, mientras que Isolina Pino Sotelo pasó de un nivel Temprano a uno Avanzado. Por su parte, en su primera evaluación, Daniela Torres alcanzó el nivel de Experto I.

Para muchas educadoras, verse a sí mismas enseñando puede ser una experiencia incómoda. Una cámara en la sala de clases suele asociarse a una instancia de evaluación, en la que una persona externa observará y juzgará su desempeño. Sin embargo, en el programa Un Buen Comienzo de Fundación Educacional Oportunidad, ha desarrollado un sistema donde la grabación de sus propias clases se utiliza con un propósito diferente: invitar a las educadoras a observar su práctica, reflexionar sobre ella e identificar fortalezas y oportunidades concretas de mejora

Esa experiencia fue parte del proceso de desarrollo profesional de María Johana Vásquez, de la Escuela Lihueimo; Isolina Pino Sotelo, de la Escuela Santa Matilde y Daniela Torres, de la Escuela Margot Loyola, todas de la comuna de Palmilla. Las tres participaron en el programa y rindieron la Evaluación Docente 2025.

“Las clases grabadas fueron una herramienta fundamental, ya que me permitieron observar mi propia práctica, identificar las áreas en las que estaba débil y reflexionar sobre ella”, contó María Johana Vásquez, quien destacó especialmente el aporte de este proceso al fortalecimiento de sus estrategias de comprensión lectora.

Para Isolina Pino Sotelo, la grabación de videos cortos también fue una herramienta para identificar oportunidades de mejora. “Me permitió mejorar día a día aquellos aspectos que se encontraban más débiles”, explicó. La práctica de grabarse también le permitió familiarizarse con la cámara y enfrentar con mayor seguridad la clase evaluada.

En el caso de Daniela Torres, quien rindió la Evaluación Docente por primera vez, los aprendizajes desarrollados en el programa fueron aplicables a distintas dimensiones de su trabajo cotidiano. “El programa me ayudó a orientar mis planificaciones, mis actividades en relación con el protagonismo de los niños, el manejo del ambiente de aula, cómo gestionar las preguntas, cómo gestionar el diálogo con los niños y las intervenciones pedagógicas”, señaló.

La experiencia de las tres educadoras muestra cómo la observación de clases puede convertirse en una herramienta de desarrollo profesional. En Un Buen Comienzo, la grabación forma parte de un proceso de acompañamiento pedagógico que busca promover la autorreflexión y la mejora continua. Al observar sus propias prácticas, las educadoras pueden identificar fortalezas y oportunidades de mejora y tomar decisiones concretas para fortalecer su trabajo en el aula.

Para las tres, este proceso también contribuyó a enfrentar con mayor confianza la Evaluación Docente 2025. Sus experiencias muestran que una cámara en la sala de clases no solo puede servir para evaluar: también puede ayudar a las propias educadoras a mirar su práctica, reconocer sus fortalezas y decidir qué quieren mejorar.

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