Claudia Lobos Abarca  y  Patricio Leiva son un matrimonio como cualquier otro, que un día decidieron dejar la bulliciosa ciudad, para vivir en el campo, en contacto con la naturaleza   lejos de los agentes contaminantes, decisión que pronto los llevó a iniciar un emprendimiento, el que en cuatro años se ha convertido en un polo de atracción turística y de aprendizaje acerca del cuidado del medioambiente y la forma de vivir natural y saludable.

“La casa ecológica nació, la verdad  que casi como sin pensarlo, porque la construí para mí, para vivir los últimos días de vida que Dios me quisiera dar. Yo no tengo luz eléctrica entonces cuando  postulé a un proyecto y me gané un panel solar a través de Bosque Modelo de CONAF, al señor que vino a entregarme el panel le gustó lo que yo estaba haciendo y me hizo una entrevista que apareció en varios medios de comunicación, entonces nació la idea de convertir todo esto en una instancia de enseñanza y esparcimiento”, cuenta Claudia.

“Y empecé a estudiar, estudié turismo rural, después hice un diplomado en turismo y empecé a crecer. Me di cuenta de la necesidad que tiene la gente hoy en día de lugares como este y como  no soy egoísta, me abrí al público para que la gente pueda venir a disfrutar lo que Dios nos da”.

“Así es como la casa ecológica ahora se ha convertido en un centro demostrativo de educación ambiental, por lo tanto acá se pueden hacer muchas cosas, desde descansar y simplemente contemplar la naturaleza, como subir el cerro, ver las especies que hay,  disfrutar toda la flora nativa que tenemos, todos los pajaritos que hay acá. También están las cabañas, donde pueden venir a estar en contacto con la naturaleza. Está el salón donde pueden venir a hacer una conferencia, los comedores para que puedan disfrutar de comida saludable y además tenemos las zonas de camping donde pueden venir a acampar, pero principalmente todo está enfocado en estar en contacto con la naturaleza de la manera que uno prefiera”.

El camino no ha sido fácil, “al principio nadie creía, principalmente la familia, nadie creía que la gente iba a pagar por venir a verlo. Así que ahora cuando viene la gente y me paga, me encanta. Todavía no vendemos ni estamos a la altura de a lo mejor otras empresas, pero nosotros con Patricio siempre hemos dicho mejor de a poco pero seguro y haciendo bien las cosas.

Claudia deja una recomendación a todos aquellos que está recién empezando el camino del emprendimiento: “Hay que tener mucha paciencia,  golpear puertas, no hay que tener vergüenza para hacer las cosas cuando uno cree que lo que está haciendo está bien, entonces tiene que transmitirlo. Y lo que yo siempre le digo a todos: cuando uno adquiere conocimiento, tiene que entregarlo. Yo siempre estoy dispuesta a todo el que quiera saber cómo se hace, ayudarlo sin ningún problema. No me molesta que existan muchos emprendimientos, porque mientras más cuidemos el planeta, mejor planeta vamos a tener”.

 

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