
¿Por qué dirá el amable lector esta filosofía barata? Voy a contar. Salía del banco cuando una llovizna me sorprendió cuando me disponía a caminar las 9 cuadras que me separan de mi hogar.
¿Suerte?. Quizás. Pero una micro casi vacía se detuvo ante mi angustiosa mano levantada, 50 metros antes del paradero oficial.
Busqué los 200 pesos necesarios para pagar el corto trayecto pues, aunque parezca imposible, los pasajeros dicen hasta donde van… y no mienten.
Acto seguido una joven vendedora pide para subir a ofrecer su producto y el chofer no se enojó. Al contrario. Un trato amable y un “adelante, señorita. Entiendo que usted también está trabajando”.
Fue ahí que me agarró una nostalgia. Nostalgia de las bravas al recordar las monedas que en innumerables oportunidades el pasajero que accedía por la puerta trasera pasaban de mano en mano.
Nostalgia de las Matadero Palma, O´Higgins (la 1 y la 2), Pila Recoleta, Vivaceta Matadero, etc. También de las liebres que, dígase de pasaje, nunca entendí por qué eran tan bajas (¿recuerdan las Dávila Negrete?), con pasajeros encorvados, incomodando muchas veces a quienes por suerte estaban sentados con nalgas de diferente tamaño en sus narices.
Muchas veces, confieso, tomé una Yarur Sumar. Verdes, más grandes, que no me servían para nada pero que al menos me permitían mantenerme en pie. También las Villa El Dorado… y confieso, las únicas micros que me servían eran la Ovalle Negrete o las Avda. Matta.
Nostalgia de las conversaciones oídas sin proponerse. Que “la yegua de mi nuera no sabe cocinar, es una floja, que no sabe atender a mi hijo” y otras historias sabrosas que en muchas oportunidades me obligaron a continuar el viaje porque el final, como el de las novelas de la tele, son casi siempre sorprendentes.
Ni hablar entonces de las tallas por la lentitud del transporte, Y también la respuesta de los choferes. “Apúrate poh, tal por cual. Súbete mejor a la vereda para irnos vitrineando” y otras hoy impensadas.
¿Volver a vivir en Santiago entonces?
Solo si me llevan en una micro viñamarina
Tebni Pino
Periodista










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