Carlos Sepúlveda, lleva 16 años trabajando en División El Teniente y actualmente se desempeña como coordinador de turno del área Rancagua de Protección Industrial

A sus 53 años, Carlos Sepúlveda se subió al tatami para competir por el primer lugar del Campeonato Nacional de Jiu-Jitsu en el Torneo Kimura Chile, categoría Máster 2 sobre 36 años, en la división de 85 kilos. Tras años combinando su trabajo con el entrenamiento de artes marciales, consiguió quedarse con el título nacional, en una competencia donde la disciplina y la preparación diaria fueron claves para alcanzar el resultado.

Para Carlos, parte de las herramientas que ha desarrollado en su trabajo en El Teniente también se trasladan al entrenamiento y a la competencia, “la constancia se da en el trabajo y también en el entrenamiento. Si uno es constante en lo que hace, siempre va a ir subiendo escalones”, explica.

Al terminar sus jornadas 4×4, Carlos comienza sus entrenamientos, con un trabajo enfocado en la preparación física y la repetición de técnicas. “Todos los días estamos practicando más de una hora, a veces hasta dos horas seguidas, para que la técnica se asimile y después poder desarrollarla en alta competencia”, afirma.

El campeonato tuvo una dificultad adicional para Carlos. Aunque compitió en la categoría sobre 36 años, debió enfrentarse a deportistas considerablemente más jóvenes que él, llegando a competir con participantes hasta 15 años menores.

“Quiero romper paradigmas de edad y demostrar que una persona con 53, 54, 55 años y más puede mantenerse óptimo en su estado físico y técnico y lograr primeros lugares”, señala con convicción.

La conexión entre el tatami y Protección Industrial

Para Carlos, el vínculo entre las artes marciales y su trabajo en Protección Industrial en El Teniente también está presente en situaciones concretas de su jornada laboral. Los conocimientos adquiridos en defensa personal complementan su preparación profesional y le entregan herramientas para actuar ante determinadas situaciones.

“Mi trabajo está totalmente complementado con las artes marciales, porque hay muchas situaciones en que hemos tenido que reducir personas que están entrando a nuestros establecimientos y poder entregarlas a las policías sin causar ningún tipo de daño”, explica.

Al mismo tiempo, su experiencia laboral le ha entregado aprendizajes que lleva al entrenamiento. Entre ellos, destaca la constancia y la disciplina que requiere desempeñarse durante años en un área donde la seguridad es fundamental.

“El arte marcial se basa en el honor y en el trabajo también tenemos que ser personas honorables, rectas y ser personas de bien. El arte marcial enseña lo mismo”, señala.

Un campeonato compartido en familia

El primer lugar obtenido por Carlos tuvo además un significado especial: durante la misma jornada, su hijo de 14 años también se coronó campeón nacional de Jiu-Jitsu en su categoría.

El interés de Carlos por esta disciplina comenzó, en parte, buscando complementar la formación de su hijo, con quien, además, practica karate. Con el tiempo, ambos terminaron compartiendo entrenamientos y competencias.

“He tenido varios campeonatos ganados en mi vida, campeonatos internacionales, pero ninguno se compara a poder haber competido junto con mi hijo y haber logrado primer lugar junto con él en el mismo día”, relata.

El próximo desafío ya está en Santiago

Después del campeonato, Carlos ya tiene puesta la mirada en su siguiente competencia: el Jiu-Jitsu Fest, que se desarrollará próximamente en Santiago.

Mientras prepara este nuevo desafío, continuará combinando sus turnos en Protección Industrial con sesiones de entrenamiento “no es un sacrificio realizar mi preparación luego del trabajo, para mí el arte marcial es parte de mi vida. Soy un sensei de karate y en estos momentos estoy incursionando en el Jiu-Jitsu y es mi pasión”.

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