
Hace no poco tiempo, ya se han normalizado varias cientos de butacas vacías en el estadio El Teniente. Ya el año pasado, cuando O’Higgins se jugaba su paso a Copa Libertadores frente a Everton en la última fecha del torneo, las gradas presentaban grandes espacios de ausencia sin hinchas.
Y esta temporada, una de las mejores de la década en cuanto a rendimiento del equipo, el síntoma se transformó en enfermedad. Solo en una ocasión se han superado los 8 mil asistentes (contra Sao Paulo), hecho que deja al descubierto, un problema insoluble que nadie prefiere enfrentar.
Los espectadores dicen que las entradas son excesivamente onerosas y que no hay bolsillo que aguante, considerando además, la alta carga de partidos en el primer semestre. Otros sostienen que los valores de abonos y socios, tampoco dieron en el clavo para cautivar al público. Y claro, los propietarios tampoco se las llevan “pelá”, ya que, nunca accedieron a rebajar el precio de los tickets.
¿Quién tiene la culpa entonces?. Hay una multiplicidad de factores que se conjugan para solo promediar poco más de 5 mil hinchas por cotejo, aunque se trate de campeonatos internacionales.
La cercanía y estrecha relación con la comunidad, que prometió como campaña política el “Grupo Caliente”, no quedó más allá de la tibieza inicial, que con el tiempo se transformó en letra muerta. “Con estos tipos se acabó el romanticismo”, me dijo un ex conspicuo dirigente. Y vaya que tiene razón, porque el club ahora solo mueve piezas, números, transacciones, negocios y plata.
Nadie pide que haya un “seca nuca” en la marquesina, ni un “abraza hombres” en la galería, pero si un cariño, aunque sea tímido o cínico, con quien pone el alma para mantener el equipo. No hay nada en el mundo, que no se solucione con una pizca de amor, pasión y esfuerzo.
Sin embargo, e incluso a la luz de lo ya recaudado por su paso continental (3 millones de dólares apróximadamente), el “chorreo” debería correr hacia la base de la institución y no quedarse solo en la cúspide del alto mando. A veces las nubes del éxito temporal, impiden ver situaciones de este tipo, que obstaculizan el desarrollo generacional entre los forofos rancagüinos.
Si hasta a los jugadores leyenda, les quitaron la credencial para poder ingresar al recinto de calle Freire y los nonatos también pagan entrada. Entonces?, hagan un esfuerzo de construir vínculos señores dueños, la “Celeste” posee grandes torrentes de sangre gruesa y espesa, que atraviesa familias y descendencia. Aquí no es “grito y plata”.
Aquí es respeto, honradez, transparencia y decencia.
Manuel Pogatiz Cádiz
Periodista
Comentarista Deportivo









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