La Directora Regional de la JUNJI de O’Higgins, Lilia Libuy Vicencio, señala que los párvulos que hoy se están formando -para ser los adultos de las próximas generaciones- tendrán una mayor capacidad de adaptación a los cambios.

“Los niños que se educan en esta nueva forma de vivir, que ha traído consigo la pandemia, serán mucho más resilentes, van a tener una capacidad adaptación mayor; entonces cuando ellos sean los adultos, van a ser personas más cuidadosas en sus relaciones con las personas con las que conviven y con el medio ambiente. Asimismo, tendrán menos dificultades para incorporar las tecnologías; para ellos comunicarse con un niño que está en China no será problema, solo serán formas distintas de interactuar”, sostiene la Lilia Libuy Vicencio, Directora Regional de JUNJI de O’Higgins.

La Directora sostiene que “esta pandemia ha sido de dulce y agraz, más de agraz por cierto, pero también nos ofrece posibilidades para los adultos del futuro, y en ese contexto, nos plantea desafíos a los actuales educadores, que estamos a cargo de su proceso formativo, junto a sus familias.

En ese sentido Lilia Libuy destaca que “no estábamos preparados para esta educación online, que nos llegó tan de repente; sin embargo, yo destaco la capacidad que hemos tenido como JUNJI, a través de todas nuestras educadoras y técnicos, de poner lo mejor de nosotros para seguir entregando educación”

Desarrollo de la autonomía

La Directora Regional de JUNJI, sostiene que en este aspecto, han logrado que “los niños alcancen más autonomía, porque si bien uno graba una cápsula y entrega una experiencia educativa -que el niño la sigue en una pantalla o a través de una guía en papel- lo hace con elementos de su hogar y con el adulto mediador en que se han transformados las familias; en esta nueva modalidad de aprender ellos deben tomar decisiones, deben ser capaces de decidir qué material deben utilizar para resolver su tarea, su pregunta. Y eso, a futuro hará que este niño de hoy, será un adulto que va a decir yo puedo ir por este camino para lograr mi objetivo y su compañera dirá yo voy a tomar esta senda para alcanzar el mismo logro, es decir, habrá distintos caminos para llegar a la misma meta”.

A renglón seguido, Lilia Libuy indica que “lo más significativo es que aprenderán que tomar distintos caminos para resolver una pregunta no hace a una u otra respuesta más o menos valida; por lo tanto, vivirán e incorporarán el respeto por la diversidad, por la inclusión, por las personas que buscan otras formas de llegar a la misma solución”, indica.

En este proceso, la Directora Regional de JUNJI, asigna un rol fundamental a los educadores y a las familias de los niños que deben: “en su calidad de adultos mediadores, fomentar que las experiencias educativas sean aprendizajes para la vida”. “Hoy -continúa- son fundamentales los espacios para la autonomía, así como que los niños hagan experimentos, donde un resultado equívoco no los haga ver el error como un problema, sino como un aprendizaje y que, mediante el ensayo y error, vamos desarrollando futuras mentes científicas. Lograremos que los niños aprendan el método científico, por supuesto sin entender que lo están haciendo, pero si serán capaces de plantear un problema, verán qué pasa si lo hago esta forma o de esta otra; se darán cuenta que desarrollaron competencias para buscar otros caminos para los desafíos que se les presentan”.

La autoestima y la tecnología

Otro punto que Lilia Libuy destaca de esta nueva forma de aprender es que los niños “van a fortalecer su autoestima, se van a querer a sí mismos porque se van a conocer a sí mismos:  sus dificultades y sus fortalezas. Vamos a tener niños con muchas más habilidades que las que nosotros tenemos”.

En definitiva, la Directora Regional de JUNJI, ve en esta nueva forma de enseñanza “una oportunidad y si bien esto nos llegó de golpe, hoy tenemos la posibilidad de fortalecernos para mejorar nuestro trabajo y sobre la tecnología que ha sido un tema, ellos son nativos digitales, nacen con ella y la entienden mejor,  la tecnología no es mala si la sabemos usar a nuestro favor”.

Asimismo, Lilia Libuy ejemplifica experiencias nuevas que no requieren de gran cantidad de elementos, sino que de invitar a los niños a participar y a atreverse. “Los adultos somos fundamentales para proporcionarles experiencias nuevas, que los desafíen, que los hagan pensar, no solo que les diga que hacer y seguir una pauta. Por ejemplo: una educadora les comienza a leer un cuento y hace que los niños creen el final o inician un cuento y lo construyen hasta el final y con ello, desarrollan el pensamiento lógico y abstracto del niño, que hace que este niño se fortalezca en otros temas, que no teníamos actualmente”.

Las familias, los educadores y los cambios

Consultada, la Directora Regional, sobre cómo han recibido las familias estos cambios, que implican también niños más independientes, responde que “esto ha sido un proceso, porque en el momento que uno estudió la educación era mucho más directiva, de hacer lo que el profesor decía y no había otro camino; pero hoy día, la educación está buscando que este niño busque alternativas y desarrolle el pensamiento y desde esa mirada, tenemos niños que opinan, que dicen: no estoy de acuerdo… el problema es que no todos los adultos estamos preparados para recibir un no estoy de acuerdo o un niño  que opine mucho en una clase y que ´-por ello- se le considere un niño molesto”.

Y planteado este escenario, sostiene que “yo veo la oportunidad de cambio no solo en aquellas áreas que competen a la familia, sino que en aquellas áreas donde se forma a las educadoras de párvulos, a las técnicas, a ellas también se les debe apoyar con formación.  Hoy, hay universidades que se han hecho cargo de este cambio y de esta formación de los nuevos profesores; asumen estas distintas respuestas que tienen los niños y el darles esa oportunidad. Y ello es -destaca- muy válido pues aprenderán que sí es válido no tener la misma opinión; si es lo que estamos viviendo en la sociedad hoy con los debates; es valioso que el niño aprenda a debatir y que comprenda que hacerlo no es malo porque te da argumentos y te enseña que podemos discrepar en una propuesta, y no por eso, no te voy a mirar nunca más. Tiene que ver con el desarrollo del respeto por el otro, el desarrollo de la tolerancia y el poder dar argumentos y fundamentos a lo que uno está haciendo”.

Y en relación a los padres, Lilia Libuy, señala que hay que trabajar con ellos. “Nadie nació sabiendo ser mamá y papá y debemos aprender que a los niños hay que respetarlos; hay que valorar su opinión y el niño también debe aprender a respetar a sus papás. Es todo un proceso y todo un cambio que, yo creo, las nuevas generaciones lo tienen más asumido. Creo que hoy, las familias están en ese proceso, pero también creo que aún nos falta mucho, porque a veces se cae en el extremo y hay que buscar el equilibrio”.

La pandemia trajo futuros líderes

“La pandemia además del dolor, nos dio una oportunidad para una formación distinta de nuestros niños y la idea es seguir por este camino para encontrarnos con futuros líderes que sean distintos, que sean líderes pensantes”, asegura la Directora Regional de JUNJI.

Y acota que “si bien la pandemia nos trajo cosas muy negativas, también nos dio oportunidades para ver otras cosas que podíamos hacer. Desde grabar una cápsula pedagógica, o ver la cámara, exponer, ser más creativos, todos fueron temas importantes para seguir trabajando con nuestros niños. Un ejemplo: una pregunta era ¿Cuándo  volvamos al jardín, qué vamos a hacer con los niños y el uso de la mascarilla? Y los niños no tuvieron problemas en usarlas… esto ha sido de equivocarse y aprender, pero para eso hay que tener apertura: un corazón y una mente abierta”.

Lilia Libuy señala que la formación de los niños de hoy, requiere de directores de jardín y de escuelas que estén dispuestos a ver “que en cada cosa que hay una oportunidad de aprendizaje: en una piedra, en una hoja, en un tallo y desarrollar al niño con preguntas divergentes y convergentes, para que el niño pueda opinar, pensar, reflexionar, analizarse, para que aportemos a la formación de este niño que va a tomar decisiones, que a va a ser seguro”.

Al finalizar la entrevista, la Directora Regional de Junji, sostiene que le gusta mirar el vaso medio lleno: “me cuesta ver todo como tan malo, si hemos desarrollado cosas para el siglo que viene, estamos en una comunicación global y el desafío es cómo ocupar esas posibilidades. Cómo hacer que una profesora de Aysén se junte con una educadora de Rancagua y que trabajen una experiencia educativa con sus respectivos estudiantes… Y hoy, eso se puede, solo necesitamos una buena señal de internet, y ahí, sí hay un trabajo que debe hacer el Estado, independiente del gobierno de turno”.

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