
Soñar es gratis y vivir la vida es felicidad. Los obstáculos, a veces, no son más que montañas construidas por nuestros propios miedos, pero la esperanza surge en cada deseo. Un elefante y hormiga insignificante; un adinerado y un proletario, ambos vestidos con sus mejores trajes para vivir una fiesta, a la que no muchas veces están invitados.
La alegría del escenario desconocido traspasó las entrañas mismas del estadio El Teniente, si hasta los “16” saltaron contentos en la gradería que lleva su nombre. ¿Es importante el triunfo ante los brasileños?, claro que sí, quizás el más relevante en los últimos ocho años. ¿Da para ilusionarnos?, obvio, si los hinchas de O’Higgins nos alimentamos de esa cicuta mortal.
Pero los tres puntos, para mí, no son lo más importante. Para este insecto de las comunicaciones, lo verdaderamente importante, es la sinergía absoluta y ferviente con la camiseta celeste. Apreciar a generaciones completas, desde hijos, padres, abuelos y bisabuelos, es impagable. Es la concreción más racional y pasional que puede entregar el fútbol en general y O’Higgins en particular.
Es la suma de vidas paralelas en un solo universo. Es la intransigencia de la costumbre y tradición, entorno al amor puro y sincero frente a un equipo con historia, que se paró de igual a igual, ante un bestia extranjera, proveniente de tierras donde el deporte es ley y no un juego.
¿Podremos clasificar en Bahía?, quién sabe, en una de esas nos da por rendir como el miércoles y hacemos la tarea titánica, mas, no imposible. En una de esas los rancagüinos que estarán presentes, empujarán con la voz hiriente y sangrante para alcanzar la cima. En una de esas, nos vestimos de héroes para transformarnos en Mario Desiderio, Juvenal Vargas, René Serrano, “Loco Trejos”, Mario Núñez, “Tunga” Gonzalez o “Tucu” Hernández y nos traemos en la maleta la música de su carnaval.
Nadie sabe qué ocurrirá, pero sí estoy seguro, que como pueblo minero, huaso e histórico en Chile, dejaremos el alma en la cancha y regresamos tan enamorados como siempre, porque O’Higgins supera los límites de la estratosfera y alcanza, como nadie, el infinito con sus manos.
Manuel Polgatiz Cádiz
Periodista
Comentarista Deportivo










Comments